La placenta previa se implanta sobre el orificio interno del cuello uterino, la salida del útero hacia la vagina. Puede impedir el parto vaginal y provocar una hemorragia. Encontrar una placenta baja a mitad del embarazo no permite concluir que seguirá cubriendo esa salida al final: hace falta revisar su posición. Si ya tienes el diagnóstico y aparece sangrado, contacta inmediatamente con urgencias obstétricas, aunque no duela.
Qué confirma la ecografía
El informe debe precisar si la placenta cubre el orificio o qué distancia existe entre este y su borde. Para aclararlo puede ser necesaria una ecografía transvaginal, realizada por personal sanitario: es una exploración segura y permite localizar el borde con precisión. No equivale a un tacto vaginal con los dedos. La información del RCOG para pacientes explica esta diferencia práctica entre localizar la placenta y valorar el cuello durante una hemorragia.
Conserva el informe y comunica el diagnóstico al equipo que te atienda por un sangrado. Decir solamente «tengo la placenta delante» no transmite la misma información: anterior describe una pared del útero, mientras que previa describe su relación con la salida.
Sangrado: no esperes a que sea abundante
La hemorragia asociada a una placenta previa puede aparecer sin dolor. También requieren valoración las contracciones o el dolor abdominal. Si el sangrado es abundante, tienes mareo, desmayo, debilidad intensa o dificultad respiratoria, llama al 112; no conduzcas. La ausencia de dolor no permite decidir que es seguro esperar. El NHS señala que el sangrado puede poner en riesgo a la madre y al bebé.
Al llamar, explica las semanas de embarazo, el diagnóstico, cuándo comenzó el sangrado y cómo te encuentras. No retrases la atención para medir una cantidad exacta ni para recoger documentación. La cantidad visible tampoco sustituye la valoración clínica.
Por qué preguntan por cesáreas y otras operaciones
La placenta previa y el acretismo placentario son problemas diferentes. En el acretismo, la placenta se adhiere anormalmente a la pared uterina y puede resultar difícil separarla después del nacimiento. Haber tenido cesáreas aumenta la sospecha en determinadas localizaciones, pero no significa que exista acretismo.
La actualización del RCOG de junio de 2026 recuerda que otras intervenciones uterinas también importan. Cuando la probabilidad de acretismo es alta, recomienda planificar la atención con un equipo especializado. Lleva los informes de operaciones previas si están disponibles.
Cómo se prepara el nacimiento
Si la placenta sigue cubriendo la salida, se planifica una cesárea. Si está próxima pero no la cubre, la decisión requiere valorar la distancia, los episodios de sangrado y las circunstancias obstétricas. La guía RCOG de 2026 contempla una valoración individual; una cifra aislada de una ecografía antigua no decide el parto.
La preparación incluye acordar el hospital, la fecha orientativa y qué haría adelantarla. También se revisan la hemoglobina, la anestesia y los recursos para tratar una hemorragia. Un ingreso previo no es obligatorio para todas las pacientes: influyen los síntomas y la posibilidad de llegar rápidamente al hospital.
Qué conviene dejar por escrito
Pide un plan que responda a estas cuestiones:
- ¿A qué unidad debo llamar si sangro, incluso de madrugada?
- ¿Qué recomendaciones concretas tengo sobre actividad, relaciones sexuales y desplazamientos?
- ¿Hay sospecha de acretismo o solo una placenta previa?
- ¿Cuándo se repetirá la ecografía y quién revisará el resultado?
Tener una fecha de cesárea no significa esperar hasta ella si aparece un síntoma nuevo. El plan programado y la atención urgente cumplen funciones distintas.