El herpes genital puede tratarse durante el embarazo. Para organizar la atención importa especialmente si se trata de una primera infección o de una recurrencia, cuándo comenzó y si hay lesiones o síntomas al acercarse el parto. Una primera infección tardía requiere valoración rápida porque el riesgo para el recién nacido es distinto al de los brotes de una infección antigua.

Comunica a tu matrona u obstetra los antecedentes aunque lleves años sin molestias. Si aparecen ampollas, úlceras, escozor intenso o dolor al orinar, pide valoración; no asumas que se trata de candidiasis y empieces una crema por tu cuenta.

Confirmar qué está ocurriendo

Cuando hay lesiones, puede recogerse una muestra para detectar el virus. La historia previa y, en ocasiones, otras pruebas ayudan a interpretar si es una infección reciente. El primer brote que recuerdas no fecha con certeza el momento del contagio: el virus puede haber pasado inadvertido durante tiempo.

La información de RCOG explica que los episodios iniciales pueden causar dolor importante y dificultad para orinar. Si no puedes orinar, tienes mal estado general o el dolor es intenso, necesitas atención urgente. El diagnóstico no permite atribuir automáticamente la infección a una relación reciente.

Antivirales para el brote y para prevenir recurrencias

El equipo puede indicar antivirales para tratar el episodio y, en algunas situaciones, una pauta supresora en la parte final del embarazo. Esta busca reducir los brotes al llegar al parto; no elimina definitivamente el virus.

El momento de empezar la prevención varía entre guías y según exista riesgo de parto prematuro. No copies la semana de inicio de otra embarazada. Pide una receta y un plan con fechas, incluyendo qué hacer si aparecen síntomas pese al tratamiento. Los CDC distinguen tratamiento del episodio y supresión.

Preparar la vía del parto

Muchas mujeres con antecedentes de herpes pueden tener un parto vaginal. Una primera infección próxima al nacimiento puede llevar a recomendar cesárea. Cuando hay recurrencias activas al inicio del parto, las recomendaciones internacionales no son idénticas: la decisión debe seguir el protocolo de tu maternidad y una explicación individual de riesgos y opciones.

Si empiezan contracciones o se rompe la bolsa, avisa de cualquier lesión, hormigueo o ardor genital, incluso sin ampollas visibles. No esperes a la próxima cita ni ocultes los síntomas por temor a que cambie el plan. Pregunta antes del parto dónde llamar y deja documentada la fecha de tu último episodio.

Si tu pareja tiene herpes y tú no

Evita el contacto sexual con lesiones activas o síntomas que anuncian un brote. El herpes labial puede transmitirse a los genitales mediante sexo oral. Los preservativos reducen el riesgo, pero no cubren todas las zonas que pueden eliminar virus.

Durante el tercer trimestre merece especial atención evitar una primera infección. Consulta las precauciones con el equipo si tu pareja tiene herpes conocido, aunque esté sin lesiones; la ausencia de un brote visible no garantiza ausencia de transmisión.

Después del nacimiento también hay prevención

Una persona con herpes labial no debe besar al bebé. Lávate las manos antes de atenderlo y evita que entre en contacto con lesiones. Si aparecen lesiones de herpes en un pecho, no alimentes desde ese lado ni uses su leche extraída hasta recibir indicaciones y resolverlas; el otro pecho puede valorarse por separado.

Busca atención urgente si el recién nacido come mal, está muy somnoliento, tiene fiebre o presenta vesículas. La falta de erupción no descarta enfermedad. El NHS describe estas señales de herpes neonatal. Comunica tus antecedentes al profesional que lo atienda, sin esperar a confirmar por tu cuenta la causa.